«Sevilla Capital Espacial Española es mucho más que divulgación: es una estrategia de ciudad»

Rafael Vázquez Valenzuela es Catedrático de Ingeniería Aeroespacial en la Universidad de Sevilla, donde imparte mecánica orbital y dinámica de vehículos espaciales desde hace veinte años. Ingeniero Industrial y Licenciado en Matemáticas por la Universidad de Sevilla, obtuvo su doctorado en Ingeniería Aeroespacial en la University of California San Diego. Su investigación abarca la teoría de control, la astrodinámica y la vigilancia espacial, con proyectos financiados por la Comisión Europea, la Agencia Espacial Europea y la AFOSR (Air Force Office of Scientific Research) de Estados Unidos. Dirige la Cátedra Indra de Vigilancia Espacial y coordina el Máster en Operación de Sistemas Espaciales. Es Senior Editor de las revistas Automatica e IEEE Control Systems Letters y ha dirigido seis tesis doctorales, con siete más en curso.

La Universidad de Sevilla es uno de los pilares del ecosistema espacial andaluz. ¿Cuál es su papel en el desarrollo del sector espacial en la ciudad?

El papel fundamental de la Universidad es el talento: casi todos los ingenieros del sector espacial sevillano han pasado por nuestras aulas, y no solo en la rama aeroespacial, porque un satélite es también electrónica, software y telecomunicaciones. A la formación de grado se suman el nuevo Máster en Operación de Sistemas Espaciales (MOSE), que coordino, y una cantera de doctorandos en vigilancia espacial, guiado y control o astrodinámica; tenemos también doctorados industriales en marcha con Sener y con el Real Observatorio de la Armada, y empresas como Indra financian en la Escuela una cátedra dedicada a la vigilancia espacial, que dirijo. Y hay vida más allá del aula: asociaciones como FyCUS, único equipo español finalista del NASA Space Apps Challenge, o Coheteros US, y emprendimiento real. SolarMEMS, spin-off de la Universidad, es líder mundial en sensores solares para satélites pequeños; e Hisperion Aerospace, fundada por tres doctorandos de mi grupo, acaba de entrar en el ESA BIC Andalucía con su software de simulación de misiones. Vocación, formación, investigación y empresa: la Universidad está presente en toda la cadena.

Desde su experiencia docente e investigadora, ¿cómo ha evolucionado el interés de los estudiantes por las carreras relacionadas con el espacio durante los últimos años?

El interés por el espacio siempre ha sido alto; es de las pocas disciplinas que llevan la vocación de serie. Pero en los últimos años ha subido otro escalón: la Agencia Espacial Española con sede aquí en Sevilla, los nuevos astronautas españoles, el retorno a la Luna con Artemis… hay un hambre de espacio muy palpable. Lo veo en las aulas: los estudiantes del grado en Ingeniería Aeroespacial a veces se quedan con ganas de más, porque el grado toca el espacio solo parcialmente, y luego buscan másteres, trabajos fin de estudios y doctorados en temática espacial. Esa demanda insatisfecha es en parte lo que nos llevó a lanzar el MOSE, que este año se va a llenar.

¿Qué competencias y perfiles demanda actualmente la industria aeroespacial y espacial?

La respuesta corta es: todos. El sector está en expansión y absorbe perfiles muy diversos: aeroespaciales, por supuesto, pero también electrónicos, informáticos, de telecomunicaciones e industriales. Si tengo que destacar áreas con más tirón: guiado, navegación y control (GNC), vigilancia espacial y basura espacial, ingeniería de sistemas, y cada vez más la intersección con la inteligencia artificial, tanto para procesar datos de sensores como para dotar de autonomía a los vehículos. También hacen falta perfiles operacionales, gente capaz de volar un satélite, que es el hueco que cubre el MOSE. Y algo que no siempre se dice: la industria valora mucho una base matemática y física sólida. Las herramientas cambian; los fundamentos no.

Su trayectoria incluye su formación en la University of California San Diego. ¿Qué enseñanzas de esta experiencia podrían aplicarse al desarrollo espacial de Sevilla?

Curiosamente, mi doctorado en San Diego no tuvo nada de espacio: trabajé en control de flujos turbulentos. Pero por eso la lección es más interesante. San Diego es el Silicon Valley de la biotecnología: una ciudad que eligió bien su nicho y se convirtió en referente mundial, con la universidad como motor y un trasvase constante de gente e ideas entre campus, empresas y agencias. Sevilla no tiene que competir en todo; tiene que elegir sus nichos, como la vigilancia espacial, las operaciones o los pequeños satélites, y ser excelente en ellos. Y allí nadie ve raro que un profesor monte una empresa o que una empresa financie una cátedra. Ese trasvase fluido hace crecer un sector, y me alegra que aquí empiece a pasar: por ejemplo, como comenté antes, tres de mis doctorandos acaban de fundar su propia empresa espacial.

Ha tenido la oportunidad de conocer de cerca proyectos relacionados con la misión Artemis. ¿Qué supone esta misión para el sector espacial en Sevilla?

Artemis es el regreso a la Luna, esta vez para quedarse, y Sevilla no es espectadora. Desde la Universidad hemos colaborado con Integrasys en el marco de la estación de seguimiento de Artemis II, y he supervisado trabajos de estudiantes sobre simulaciones de seguimiento Doppler de la misión. Que un estudiante de la Escuela pueda hacer su trabajo fin de grado sobre cómo seguir desde tierra una nave tripulada camino de la Luna dice mucho de dónde estamos. Más allá de lo concreto, Artemis tiene un efecto tractor enorme: genera contratos, genera tecnología y sobre todo genera vocaciones. Para los estudiantes de hoy, la Luna vuelve a ser un destino profesional y no una batallita de sus abuelos.

¿Cómo puede una iniciativa como Sevilla Capital Espacial Española contribuir a visibilizar los logros de los investigadores?

Sevilla Capital Espacial Española es mucho más que divulgación: es una estrategia de ciudad que articula, a través del Foro del Espacio, a instituciones, empresas y universidades, y que se apoya en realidades como la sede de la Agencia Espacial Española, la Comunidad de Ciudades Ariane o la incubadora ESA BIC. Dentro de esa estrategia, la visibilización de los investigadores llega de forma natural: la Semana Mundial del Espacio ha llevado nuestro trabajo a miles de personas, jornadas como la de Seguridad y Defensa Espacial se han celebrado en nuestra propia Escuela, y la AEE acoge en Sevilla eventos como la Zero Debris Week, que trata precisamente los temas en los que investigamos. Cuando la investigación local forma parte de un proyecto colectivo de ciudad, es más fácil atraer inversión, retener talento y despertar vocaciones. Estas entrevistas son buen ejemplo: fuera del circuito académico, rara vez nos preguntan por nuestro trabajo.

El Foro del Espacio reúne a actores muy diversos. ¿Qué valor tiene generar espacios de colaboración entre universidad e industria?

Muchísimo. El espacial es un sector puntero donde la investigación no es un adorno sino materia prima: las empresas necesitan resolver problemas que aún no están en los libros, y la universidad necesita problemas reales para que su investigación tenga impacto. En mi grupo esto es el día a día: dirijo la Cátedra Indra de Vigilancia Espacial, tenemos proyectos con la Agencia Espacial Europea y con la AFOSR, la oficina de investigación científica de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, y varios doctorados industriales en marcha, uno con Sener en guiado, navegación y control, y otro con el Real Observatorio de la Armada en determinación de órbitas. Nada de eso surge espontáneamente: hace falta que alguien ponga la mesa y cruce a la gente adecuada. Eso es exactamente lo que hace el Foro del Espacio.

¿Qué consejo daría a un estudiante que sueña con trabajar algún día en una misión espacial, pero todavía no sabe por dónde empezar?

Primero, formarse bien y sin atajos: matemáticas, física, programación. En tiempos de la inteligencia artificial los fundamentos no sobran, hacen más falta que nunca: las herramientas te resuelven una integral o te escriben código, pero solo quien entiende lo que hay debajo sabe hacer las preguntas correctas y detectar cuándo la respuesta está mal. Segundo, no esperar permiso: hay asociaciones, concursos y proyectos de cubesats y cohetería donde hacer espacio de verdad desde primero de carrera. Tercero, considerar seriamente el doctorado: es la vía natural para trabajar en la frontera, y hoy muchas tesis se hacen en colaboración directa con empresas y agencias. Y por último, paciencia y no abandonar el sueño por parecer improbable. Hace veinte años trabajar en una misión lunar desde Sevilla sonaba a ciencia ficción; hoy tengo estudiantes haciéndolo. La probabilidad de acabar en una misión espacial es muy baja solo para quien no lo intenta.

 

12 agosto 2026|Categorías: Entrevistas|

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